
Estaba recorriendo cada rincón de la casona. Gesticulando oraciones en un curioso dialecto con sus ojos en blanco mientras palpaba los murallones, el piso y cada espacio que le parecía, extrañamente, cargado.
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De pronto apareció. Como acostumbraba, se ubicó en un lugar del patio central donde nadie tuviese oportunidad de verlo –al menos- por unos minutos. Si no fuera por una abrupta estampida de palomas, podría haber estado más tiempo a solas.
La nostalgia presurosa tomó posesión del ambiente. Los colores eran los mismos de ayer, sin embargo sabían a algo distinto, como en un sueño invasor que -de un momento a otro- se transforma en la más feroz realidad.
Era un día martes cuando mi tío Eduardo me mandó, por primera vez, a cobrarle el arriendo a la Señora María. Aquel día tomé el tranvía hasta Matucana con el talonario de recibos bajo el brazo, sonriente y pensando que si hacía bien la pega, tendría para comprarme –a lo menos- un traje a la medida.
Claro que vengo de a poco a tu vida
que tengo apretada contra mi pecho
el de rulos albinos de tenerte
que transmiten miel con envidia
para esos que miran ciegos por la ventana...
Claro que me voy si no encuentro mi vida que tengo hoy
Claro que te voy queriendo por que mereces
no más taciturnias ni lagrimurnias en tu vida exquisita
que ahora es la mía, más que nada.
Escucha y no veas. Ya no tuya es esa vida que tienes
por que mía es, la verdad que te digo, sin tomarte para mí
y queriendo sin querer queriendo
Vengo para rescatarme de ti y salvarte de mi
en tanto en cuanto, ¡y si señores!
se nos viene la vida de la que fuimos y queremos abortar
en un sueño prolongado de un segundo que es medio
y menos de la mitad.
Somos lo que queremos, amamos y respiramos
sin querer entrar en razón porque -bien que tú sabes-
afecta la vida, afecta la emoción
aquella, esa, que nos embadurna con perfume de aroma al instante
que me encanta, y que a veces también, te espanta más que te encanta.
Escribo en el limbo, pensando que no pienso
queriendo lo que quiero, que eres tú en la silla de cinco patas y mimbre sintético
que a veces se llama cama, auto y corazón de amor que te tengo
más que a nadie.
Sigo camino a tu casa siempre, que no es mía y lo es.
Que vivo solo en esta compañía de siempre y no me voy jamás queriendo querer irme nunca de tu lado que es el mío y que necesito de ti, siempre y cuando necesites de mí.
Por que eres de ojos mermelada y anchas caderas
de hijos mios y tuyos que vienen en camino
de piedra lisa y humectada de tu persona,
su madre que será la que cuida sin odiar
por que vienen a quedarse
y son lo que seremos y queremos que sean por siempre
tu carne con la mía que son una sola...
hoy y mañana
en Santiago y en la playa.