martes, mayo 17, 2005

50 años no es nada...

Hace un par de semanas me impresionaba cumplir 30 años, sin embargo este sábado, caché que cumplir 50 años es, literalmente, ultramegamemorable. Medio siglo de carrete, medio siglo acaparando historias que contar. ¡Uf!

Estaba super helado, en realidad era una noche de mierda en pleno Chillán viejo. Quizás por eso lo primero que hice al llegar fue acercarme a la chimenea y tomar un espumoso pisco sour que, gentilmente, me ofreció un garzón con cara de sepulturero. El lugar era bien acogedor, una onda medio rústica con materiales reciclados, digno espacio para el cumpleaños de mi primo Samuel.

Si de celebración se trata, puedo dar testimonio de que lo hizo con todo, si bien no tiró la casa por la ventana, es muy probable que haya lanzado un par de piezas acomodadas, con gente y todo, observando sonriente desde el baño.

Al costado, un amplio salón vestido de manteles ocre y vistosas copas de cristal. Las tías añejas de siempre con ese semblante de superación, mirando de reojo, como tratando de identificar a los desconocidos tras esa película añeja que se monta en las caras con el paso del tiempo, buscando rasgos que transformaran al personaje que llegaba en un conocido de años, para luego comentar a un costado sobre su cabellera, por si faltaba o por si había cambiado de color.

Había una excitante mezcla de aromas a carne a la parrilla, perfumes caros y adultos debidamente bañados y engominados, incluso, diría, se reconocía un distinguido olor a novedad que vendría siendo ropa nueva y prendas que vuelven a utilizarse después de varias temporadas en el ropero.

De todas formas, y como en todos lados, había imágenes discordantes. Por ejemplo, no sé si era la placa dental gastada o el abrigo de piel ralo el que le daba un aire funesto a la tercera esposa del Tío René, que -por lo demás- no olía precisamente a novedad sino a una amalgama de naftalina, laca y talco. Le causó gracia a más de un pariente por ahí ese pulular errante tras la compañía esquiva de su marido, ese andar torpe y desgarbado que hacía un juego perfecto con su escarmenado y sus arrugadas pantymedias de seda, que iban –poco a poco- tomando posesión de sus várices y articulaciones.

Estaba en eso, bebiendo mi segundo pisco sour y degustando un apetitoso carpacho de carne, cuando me detuve a observar a un montón de señoras desconocidas que, a pesar de las zanjas en la comisura de sus ojos, tenían cuerpos esculturales, dignos de una calcetinera, como dirían los cultores de la revista Ritmo. Era loco. Me había percatado de ese detalle, sin embargo no entendía el porqué hasta que Mona me sopló que casi ninguna de ellas trabajaba y que se la pasaban el gimnasio (léase en tono bajo y con mirada cómplice).

A esa altura yo era una tía más y me sumaba al comentario insidioso y subrepticio, pero con la entretenida salvedad que me daba atormentar al garzón pidiéndole más de ese exquisito licor que me estaba prendiendo el alma. Lo notaba por el semblante, la sonrisa espontánea, el brillar de mis ojos y, finalmente, por el movimiento de mi pié izquierdo, que incondicional e inconscientemente se mueve ante cualquier ritmo que suena en ese estado.

Hablé con muchos personajes, conocidos y desconocidos, parientes enemigos y parientes amigos. Hablé de muchos recuerdos, de mi actual situación procesal matrimonial. Pregunté por esa parentela que no me interesaba y por las amistades que parecen familiares. Siempre con cara de interés y esperando la señal para pasar a la mesa.

Una vez sentado y habiendo esquivado toda la noche a la esposa de mi tío René, esperé tranquilo que escanciaran vino tinto en la virginidad de mi copa. Ya a esa altura, sabía que se venía el candombe y que la muchachita con la peineta y el galeón español estaban esperando a la vuelta de la esquina. Juro que sentía los cañonazos en medio de una misa de día domingo.

La comida fue un trámite, para –de una vez- entrar en el dionisiaco mundo de la embriaguez, lugar donde somos todos iguales, y los prejuicios y pelambres se esfuman en medio de la humareda del cigarro ansioso. Es más, hasta la esposa de mi tío René se transformó de un desagradable personaje en la mejor bailarina de Twist y en la risotada más penetrante de las múltiples explosiones hilarantes.

Ya daba lo mismo, estaba moviendo el esqueleto con mi nueva esposa, nadando entre la multitud en medio de un trencito abrazado de serpentinas y luces de colores. Cumbia, Salsa, Merengue y Rock And Roll. Ya no había más frío, estaba en la pista con la mayoría de edad siendo uno más, despercudiendo las coyunturas, moviendo brazos y piernas.

De lo que recuerdo, antes de perder la conciencia sobre la cama del hotel, mi primo sopló la representación de su edad en el incendio de su torta, todos cantamos enfurecidos, todos chocamos los whiskeros por Samuel, todos hicimos gala de nuestros mejores recuerdos con él, atrás se escuchaba Tommy Rey: "no importa los años que tienes, es el tiempo el que no se detiene...".

15 Comments:

At 3:27 p. m., Blogger Kike said...

Hubiese sido bueno contar con una fotografía de esas señoras desconocidas con cuerpos esculturales. Como dicen, una imagen vale más que 1000 palabras. O sea, si vamos a pelar, hay que hacerlo con los antecedentes del caso no?

 
At 5:00 p. m., Blogger Emilio said...

Los escritos del autor, no necesariamente reflejan el pensamiento del mismo.

 
At 5:56 a. m., Blogger Canguru said...

Uau! Passei por cá para te conhecer o espaço e agradecer o cumprimento no blog e deparo-me com uma discussão acesa.
Antes de mais, parabéns ao teu Tio Samuel que entra nos 50! (Quem nos dera garantir que lá chegamos e bem em todas as dimensões da vida)
Quanto ao resto, os 50 não são só histórias para contar. Quem neles mergulhar com 20 anos de antecedência, como eu tenho a oportunidade de o fazer, saberá.

 
At 5:58 a. m., Blogger Canguru said...

Quanto ao pai, que não deixe de escrever!

 
At 10:53 a. m., Anonymous el mago mandrake said...

el viejito Pascuero no existe

 
At 11:16 a. m., Anonymous Luttor said...

feliz, feliz en tu día... amiguito que dios te bendiga...

 
At 1:07 p. m., Anonymous Mona said...

Llevaba casi una semana encerrada en mi casa, sin internet y con una apestosa amigdalitis...acabo de reencontrame con este espacio y sólo puedo decirles...¡GRACIAS POR HACERME REÍR!!...creo que han logrado que mis defensas suban en un 100%...jajajaja!!.

 
At 2:39 p. m., Anonymous Kalamidad said...

¡les apuesto que el tal Samuel lo pasó mejor que todos Ustedes juntos!

 
At 5:38 p. m., Anonymous Anónimo said...

aaaa

 
At 9:33 a. m., Anonymous Mona said...

¿Hasta cuándo la lata?...ya pues amado Emilio!...anímate a limpiar la casa y abre las cortinas pa' que entre el sol!...Escribe y escribe, que el oficio hace al maestro, y a ver si con otro buen texto, vas convocando discursos que, motivados por el simple objetivo de aportar -nos-, ejerciten nuestra capacidad de crítica, de análisis, de comunicarnos.

 
At 9:44 a. m., Blogger Emilio said...

Sorry. Por favor quienes no entienden la dinámica de este Blog, que siga su camino y busque un Chat. Tratemos que sea buena onda aunque sean opiniones disímiles. Gracias.

 
At 2:07 p. m., Blogger RobertoOsorio said...

Todos tenemos nuestros familiares predilectos, reflejo de nuestras propias turbaciones. Aún así, es satisfactorio también escuchar a los otros.

 
At 7:10 p. m., Anonymous Anónimo said...

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

 
At 7:12 p. m., Anonymous Anónimo said...

puta, la gente patua, jajajajajajajajajaj

 
At 11:44 a. m., Blogger Emilio said...

Gracias Ale. De verdad agradezco tu sensatez.

 

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